Un día más en el trabajo, se pasan las semanas y llegan los fines de semana y empieza mi incertidumbre ¿Qué haremos?. Odio ir a comer a casa de su madre no lo puedo evitar. No sé que me ha pasado, supongo que a ella le pasará igual. Dicen que cuando te alguién mal tú también le caes mal a él. Y es su prepotencia, el organizarnos la vida, esa forma de decir las cosas ¡que duelen¡ rasuran diría yo. De echarte en cara todo, su soledad, como si yo tuviera la culpa de lo que ha hecho su marido. A las mujeres nos echan todas las obligaciones, a mi no se me ocurre decirle a él que cargue con la responsabilidad de mis padres. Ni mis padres le echan las responsabilidades mias, no le exigen nada.